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NO BASTA CON QUE SEA ELÉCTRICO

Durante años, Europa ha centrado buena parte de su política del automóvil en una cuestión: reducir las emisiones. Pero el debate está cambiando.

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No basta electrico

NO BASTA CON QUE SEA ELÉCTRICO

Durante años, Europa ha centrado buena parte de su política del automóvil en una cuestión: reducir las emisiones.

Pero el debate está cambiando.

Ya no importa únicamente qué tecnología lleva un coche. Empieza a importar también dónde se fabrica y de dónde proceden sus componentes.

La Comisión Europea está trabajando en criterios “Made in EU” que vinculan determinadas ayudas, contratación pública e incentivos a que una parte significativa del vehículo se produzca en Europa.

Para los eléctricos, la propuesta contempla que al menos el 70% del valor de los componentes del vehículo, excluida la batería, tenga origen europeo un año después de la entrada en vigor. El objetivo planteado subiría al 75% en 2030.

Y las baterías tendrán sus propios requisitos.

No es un cambio menor.

Durante años Europa ha impulsado la electrificación mientras una parte importante de la cadena de valor necesaria para fabricar esos coches se concentraba fuera de sus fronteras.

Ahora intenta hacer las dos cosas a la vez: electrificar el parque y conservar industria.

Un buen ejemplo de este cambio es el nuevo Dacia Spring.

Desde su lanzamiento en 2021 se han vendido más de 210.000 unidades de este eléctrico en más de 40 países.

Hasta ahora se fabricaba en China.

La nueva generación se producirá en Novo Mesto, Eslovenia.

El cambio permitirá, entre otras cosas, que el modelo pueda acceder a determinados incentivos europeos de los que su fabricación china lo dejaba fuera.

Y probablemente veremos más movimientos similares.

Porque si las ayudas, la contratación pública o determinadas ventajas regulatorias empiezan a depender del origen del vehículo y de sus componentes, fabricar en Europa vuelve a tener un valor que va más allá de la logística.

La política europea del automóvil parece estar entrando así en una nueva etapa.

Primero se trataba de conseguir coches más limpios.

Ahora también se trata de decidir dónde queremos que se genere el empleo, la tecnología y el valor económico necesarios para fabricarlos.

Y eso plantea una cuestión bastante más amplia que el coche eléctrico:

¿Puede Europa hacer la transición hacia una nueva movilidad sin perder por el camino buena parte de su industria del automóvil?

Fuentes: Comisión Europea, Industrial Accelerator Act y Automotive Package; Dacia/Renault Group, presentación del nuevo Dacia Spring, 8 de septiembre de 2026.

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